Hace unas semanas publiqué lo que había sido mi experiencia de viaje el 27 de abril en el día del rey en Ámsterdam, Holanda. Pues bien, cuando estaba planeando con Flor (de la historia la limeña y la puneña) el viaje a su tierra, ella me sugirió hacerlo coincidir con los primeros días de agosto, el día nacional de Bolivia y además con el de la Virgen de Copacabana, y debido a mi experiencia anterior, no me pareció una mala idea.

Debo reconocer que hubo costumbres que encontré muy peculiares. Luego de ver el Titicaca la noche anterior y haber sentido una paz y tranquilidad indescriptibles, el día siguiente estuvo muy lejos de experimentar algo similar. Cuando el esposo de Flor mencionaba que debíamos ‘hacer cola’ para entrar, honestamente no entendía. Al control boliviano aparentemente no le gusta madrugar y recién abre a las 8 am, por lo que los autos entre la noche anterior y esa hora hacen ‘una cola’ para poder cruzar la frontera al día siguiente.

   

Llegamos al pueblo de Yunguyo antes de las 6 am para hacer la famosa ‘cola’ y no fue antes de las 11 am que finalmente pudimos pasar la frontera. Cinco horas, sí, CINCO HORAS!!! Sumados, al papeleo, y los diversos escenarios que tuvimos que presenciar (los videos están en el Instagram y Fanpage: @viajaconari) Durante la espera había mucha gente que vendía velas, decoración para el auto, entre otras cosas… (como la rica Papa rellena al borde del Titicaca!!! miren el video!!!)

Pero valió la pena la espera cuando llegué a la ‘playa de Bolivia’. Desde la famosa ‘cola’, carros estaban adornados y la música fuerte con cajas de cerveza era la típica ambientación del lugar. No pensé motos acuáticas y lanchas serían parte del escenario.

Dejamos el carro y luego debíamos subir el monte que tenía el nombre de ‘El Calvario’. A más de 3800 m.s.n.m. es un poco difícil como comprenderán, pero los comercios y los cohetecillos hacían amena la subida. Al llegar a la cima, entendí por qué vendían velas en la entrada (ver foto), y que cuando vendían carritos y casas no era para jugar monopolio con mi sobrino, sino que era para ofrecérselo a la Virgen de Copacabana y que en este año ella se encargara de otorgarlo. Flor y su familia ‘compraron un pedazo de tierra’ que el señor de la foto había separado desde el día anterior, de comprar la casa indicada y el resto de bienes que se querían tener este año se empezó con el ritual. Como se me asignó como madrina, debía comprar la cerveza local para ‘challar’. Terminado este ritual se selló con incienso, comprando cervezas nuevamente y challando de nuevo para terminar el rito. (¿que más pasó en el ritual? video en el canal de Youtube)

 

 

Al bajar ‘El Calvario’ compramos algunos souvenirs, y camino a la plaza principal, no podía faltar la trucha frita y el queso frito. La iglesia de Copacabana de blanco, resaltaba en la ciudad. Al salir, pudimos ver el sunset del lago Titicaca que coronó la visita.

  

Lo que no podía faltar sin embargo era mi foto con la llama. Y casi casi, me da un besito.

Una experiencia de un día nacional completamente diferente. Y las cervezas seguían corriendo, desde las 6 am que llegamos hasta pasadas las 6 pm que nos fuimos (y seguían!!).

Al volver a territorio peruano, supe que quería conocer un poco más del país vecino, el cual (aunque me quisieron deportar) no me arrepentí de visitar.

Eso, en la próxima historia de la maleta rosada. Paseando por la capital: La Paz.

Alisten sus maletas y buen viaje!

Ari ♥