Hoy me levanté con una sensación extraña. Los que me conocen saben que disfruto levantarme muy temprano a correr por las mañanas. Es lo que me da energía el resto del día, pero esta mañana fue distinta.

Eran las 4:00 am en Lima, y me desperté con una sensación de angustia…raro. Me gusta madrugar, pero al ser más madrugada de lo habitual me puse a revisar mis redes sociales (sí, también tengo esa mala costumbre). Fue entonces cuando leí la alarmante publicación de la desaparición de un amigo que había conocido el año pasado en Irlanda: no tenían noticias de él hacía 5 días. Revisé lo que su sobrina había publicado en un grupo de viajeros y, luego de asegurarme que era verdad, la contacté para ver cómo podía ayudar. Lo único que se me ocurrió en ese momento, fue reenviar la publicación en grupos y a personas que pudieran hacer lo mismo y hacerlo viral. Para no perder el ritmo, poco antes de las 7 de la mañana salí a correr y en ese momento vinieron muchas memorias a mi mente.

Hacía dos años que empecé a viajar con La Maleta Rosada. ¡Cuántas memorias en el camino! Y pensar que todo empezó porque tenía que usar un pasaje y disponía del recurso que considero más preciado de todos: TIEMPO. A la par estaba estudiando Marketing Digital lo cual calzaba perfectamente dentro de la aventura que emprendí.

Mirando hacia atrás veo tantas caras y manos extendidas, que me dieron desde aliento para continuar en esta aventura, innumerables personas que me ofrecieron alimento y posada y algunas otras con las que compartí parte del sueño de algunos: vivir viajando.

Todos estos inolvidables personajes en mi mente que quisieron que experimentara cosas simples para ellos y únicos para mí: aprender la diferencia del brie y del camembert, probar la mejor tortilla española para ellos en La Latina, intentar dar pasos de baile irlandés en un típico irish pub, reencontrar a amigos de antaño con los que compartía parte de su ciudad actual, probar pizza con frijoles, pasear disfrutando paisajes inigualables en la Cerdeña o en Costa Brava, saborear comida casera de la India sin picante porque no lo tolero y podría continuar hasta cansarme, pero todas ellas, personas que desprendidamente pasaban mucho de su tiempo conmigo y me enseñaban orgullosamente parte de su experiencia de vida. Hoy en día cuando estoy en mi ciudad, a menudo recibo amigos de fuera y muchas veces personas no entienden por qué ‘gasto’ tanto tiempo con estas personas ‘desconocidas’ y considero que merecen lo mismo que yo recibí.

La semana pasada comentaba en las redes que no me arrepentía de lo que había o a quiénes había conocido en este tiempo. No todas fueron experiencias gratas, es cierto, pero considero que atesoro las que dejaron huella en mí y siempre con un gran aprendizaje. La mayoría me dieron más de lo que yo quizás hubiera dado sin esperar nada a cambio, sobre todo cuando estaba muy lejos de mi país y esos gestos es algo que un viajero siempre guarda a lo largo de su gran viaje de vida.

Al volver de mi rutina matutina, pregunté a amigos si se tenían noticias del desaparecido, y la respuesta fue, ‘Sí Ari, lo encontraron…murió’. Luego de minutos de shock y llanto recordaba todos los momentos que con grandes amigos pasamos el año pasado y simplemente no podía creerlo. Espero que en este gran viaje que emprendió encuentre luz y y paz y no sé si nos encontrarnos en Machu Picchu como habíamos quedado hace unos meses pero estoy segura que en algún lado y el algún momento nos volveremos a ver.

Este post va dedicado a todas esas almas viajeras,  a todos los que extienden la mano cuando uno decide emprender esta aventura y se encuentra con rostros sin nombre que luego de compartir experiencias de viaje y vida se convierten en parte de nosotros y siempre llevamos en el corazón. Gracias a todas esas almas viajeras, en especial a esa que partió y nunca volvió.  *Escrito el 5 de julio, en memoria de DR +